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Martes, 30 de Mayo 2017
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el personaje

      Antonio de Torres Jurado, guitarrero (ALMERÍA 1817-1892) está considerado como el luthier español que sin duda ha ejercido una influencia más profunda en la configuración de la guitarra clásica tal y como la conocemos en la actualidad. Un primer acercamiento a los ejemplares que han sobrevivido de su proyección, confirma que la sola obra de Torres podría ilustrar magistralmente el último tramo de la evolución de este sugestivo instrumento, que es la guitarra, de fuertes raíces seculares en la península ibérica, históricamente difundida en toda Europa y de vocación internacional.   
      Datadas entre 1852 hasta 1892 quedan más de 80 guitarras etiquetadas por el artífice almeriense. De distintas características constructivas, materiales, organología, tesitura e incluso ornamentación, este importante depósito instrumental repartido entre coleccionistas, museos y particulares forman un hipotético ‘gabinete armónico’, que aún hoy es objeto de estudio, uso y conservación y que va inexorablemente acercándose por su propio valor al PATRIMONIO HISTÓRICO.
      Un buena parte de las realizaciones de cada constructor pertenece al gusto estético o se materializan con los conocimientos técnicos de su tiempo. En la medida que puedan desentrañarse estas influencias y este dominio del oficio se puede considerar inscrito dentro de una escuela determinada o inmerso en una corriente de estética donde explicar su propia particularidad. El arco de tiempo en que se concreta el trabajo de Torres está informado en sus comienzos por las teorías del neoclasicismo, es por tanto, historicista por definición.
      Más adelante las ideas de progreso contenidas en la ilustración y  los logros de la revolución industrial harán que casi a finales de la década de 1830 se pueda diferenciar que la guitarra y los instrumentos musicales de factura artesana por extensión, ya no sean solo un logro empírico y se beneficien de los resultados de las primeras experiencias de la física acústica. La obra de Antonio de Torres se desarrolla en estos dos mundos, el de constructor empírico y primer diseñador teórico.
Próximo a sus comienzos, hacia 1830 es un artesano inscrito en la lista de oficios de Vera, a finales de misma década estas corporaciones gremiales quedan suprimidas por Real Decreto. A partir de este momento histórico se detecta un giro, que sin desechar totalmente la tradición busca modelos propios mediante la experimentación de la física acústica y no tanto en la repetición de arquetipos heredados del pasado.
Fruto de este contexto histórico y de ruptura se conforman las dos guitarras más significativas de su época experimental: La Leona y la Guitarra de Cartón.
      Rebasada su etapa más experimental Torres, sobradamente formado, ambiciona situarse como un nombre propio de la guitarra fuera de la localidad que le ha visto formarse, Vera,  y expone en Almería capital. El Museo de la Música de París conserva este ejemplar de la muestra magníficamente ornamentado como prueba de sus excelentes capacidades como artífice.
      El siguiente paso será Sevilla, donde recibe el premio de la exposición de 1858 de manos de los duques de Montpensier, la hermana de Isabel II y su consorte. Éste gran éxito se vio doblemente consagrado por la adscripción del concertista Julián Arcas a sus guitarras, ya que tomó prestado el magnífico instrumento galardonado durante un año, lo que supuso la consagración internacional del genio de la guitarra. Esta fructífera asociación entre concertista y guitarrero se prolongó en el tiempo e incluso a fechas posteriores a 1868, año en que Torres abandona Sevilla y se radica definitivamente en Almería.
       La tradición popular mantenida en el lugar de nacimiento de Torres, La Cañada afirma enigmáticamente que el guitarrero presentó sus trabajos a la reina de España, esta posibilidad adquiere confirmación desde una mirada en perspectiva al mundo de los grandes concertistas relacionados con el guitarrero. En este ámbito, se debe insertar la figura preeminente de Federico Cano. Concertista que se relaciona tempranamente con la Escuela de Madrid próximo al Conservatorio Real de Música. Este personaje conservó en el tiempo la colección más importante del guitarrero y todas luces influyó en la  propia construcción de los instrumentos, puesto que son piezas señeras personalizadas y diferenciadas por el músico del resto de producción Torres.
      Esta trascendente relación ha sido sorprendentemente silenciada en la bibliografía existente del guitarrero probablemente por el gran protagonismo que significó la brillante aparición del concertista Julián Arcas en la trayectoria vital y profesional de artífice de La Cañada.
       Descifrar las relaciones con estos influyentes concertistas en los que se encuentran Antonio y Federico Cano, el gran Julián Arcas, Luis de Soria y el mismísimo Francisco Tárrega es el camino para rescribir la historia que ha transcendido a nivel popular en forma de leyenda como inventor de la guitarra, aislado de estas enriquecedoras y trascendentales relaciones.

 

 

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